En 2008 presentamos nuestra propuesta al concurso de rehabilitación y adecuación de las naves 8 y 9 del Matadero de Madrid, pensadas como sede de Intermediae y de varios centros de producción artística dedicados a la arquitectura y al diseño.
Las dos naves partían de usos muy distintos a los que iban a tener a partir de entonces. La nave 8 había albergado mondonguerías, secaderos de pieles y un taller de vaciado; la nave 9 fue mercado y matadero de aves. El reto del concurso era encajar en ese mismo espacio salas expositivas, áreas sociales multifuncionales, aulas, talleres y oficinas, cada una con su propio funcionamiento y con la máxima independencia posible entre sedes institucionales.
Una de las condiciones del concurso marcó desde el principio nuestra propuesta: no se admitían alteraciones en la composición de las fachadas ni en la volumetría de las naves. A eso se sumaba nuestro propio criterio: aunque el Plan Especial del Matadero permitía aumentar la edificabilidad hasta un 10%, decidimos que cualquier intervención en ese sentido, ya fueran construcciones bajo rasante, volúmenes en la cubierta de la nave 9 o entreplantas, debía ser mínima para no alterar la imagen de los edificios.
Una de las condiciones del concurso marcó desde el principio nuestra propuesta: no se admitían alteraciones en la composición de las fachadas ni en la volumetría de las naves. A eso se sumaba nuestro propio criterio: aunque el Plan Especial del Matadero permitía aumentar la edificabilidad hasta un 10%, decidimos que cualquier intervención en ese sentido, ya fueran construcciones bajo rasante, volúmenes en la cubierta de la nave 9 o entreplantas, debía ser mínima para no alterar la imagen de los edificios.
Dentro de las naves, decidimos que lo que había que preservar y poner en valor era la fuerza visual del sistema estructural. Ambas naves funcionan como grandes salas hipóstilas: espacios amplios y cubiertos, sostenidos por un elevado número de columnas dispuestas con un ritmo muy equilibrado. Nuestra propuesta encaja los distintos volúmenes institucionales entre esas columnas, dejando que sean ellas las que definan el carácter del espacio.
Fuera de las naves, dimos especial importancia al tratamiento de los exteriores y de la urbanización colindante, en particular en el frente hacia la Plaza de Legazpi y el Puente de Andalucía. Y en cuanto a la circulación interior, tanto horizontal como vertical, resolvimos con especial cuidado un esquema complejo, propio de un edificio pensado originalmente para un uso completamente distinto al que iba a tener a partir de entonces.